La importancia del título

El título de una historia es su carta de presentación. Nos entra por los ojos y los oídos y nos da una primera idea sobre la esencia de la obra. Ya Eco (2000) advertía en el título una clave interpretativa que iba a influir en el lector y analizaba cómo diferentes títulos para una misma historia podían atraer a públicos tan desiguales. Y de eso se trata en realidad: incluso antes del diseño de tapa (que tanto puede variar de una edición a otra) y de la sinopsis (a la que el lector no se acerca hasta tener el libro en sus manos o buscarlo en internet, qué casualidad, mediante el título), el título prepara al lector para lo que puede encontrar.

Ejemplos hay de sobra. Si Edipo Rey no se hubiera llamado así, no concentraría la atención en Edipo como soberano y Foucault habría perdido parte de su material para analizar el poder en relación al saber en esta tragedia. Si la hubiéramos conocido bajo el título La mácula de Tebas, ¿dónde quedaría Edipo? Sería la voz de la ley, un personaje con poder por su soberanía, pero el eje de la acción no estaría en él, en su descubrimiento, sino en el conflicto que involucra la casa de los Labdácidas, y la figura del héroe trágico quedaría en segundo plano, opacado por la fábula. El contenido de la obra no cambiaría, pero el ojo del lector estaría ubicado en otro lugar y la lectura que haría no sería la misma. Si Historia de dos ciudades hubiera llevado en el título el nombre de algún personaje, el lector podría llegar a creer que el marco histórico es mero contexto para que este personaje se desarrolle, cuando en realidad tanto París como Londres son tan protagonistas como los mismos Darnay y Carton. ¿Cómo de engañado se sentiría el lector si se le vendiera la historia de una joven que rescata a su padre y después ve peligrar la vida de su esposo cuando en realidad Lucie no es más que uno de los tantos conductores para que la acción tome lugar? La novela pone el foco en el escenario, en los conflictos sociales, y el título cumple el deber de reflejarlo.

Si analizáramos cada libro de nuestra biblioteca, concluiríamos que el título nos condiciona antes de llegar al primer capítulo. Es por esto que la mejor revelación de un título se hace al final, cuando el lector ya maquinó sus propias interpretaciones acerca del significado y el autor pierde la oportunidad de decirle qué debe leer, en qué debe poner el ojo a la hora de analizar el escrito. ¿Se siente ahora la responsabilidad a la hora de elegir un título?

Nombrar una obra no es una tarea sencilla y no es extraño tener la versión final, ya corregida y lista para salir al mundo, antes de encontrar el título que creemos perfecto. Y aunque no nos sintamos preparados para la tarea, debemos aceptar que titular una obra es una responsabilidad personal del autor, una tarea individual, y que nadie más que el escritor puede saber cuál es el foco que quiere que su lector ideal tome

Aspectos importantes a la hora de  elegir un título

Como generador de significados, el título es un arma de doble filo. Sentir inseguridad es normal y tener títulos provisorios, solo para saber de qué obra hablamos mientras la creamos, no es extraño. Algunos autores tienen facilidad para nombrar sus historias y el título que imaginan al momento de crearla es el que permanece hasta que se la publica. Son diferentes personas, diferentes procesos y diferentes facilidades. No es razón para desanimarnos.

Sin embargo, si la tarea no es fácil, hay algunos aspectos que podemos analizar sobre un título y que pueden orientar al autor, allanarle parte del proceso.

Foco o eje: dónde se centra la acción

No es lo mismo centrar la acción en un personaje que en el escenario, ni en un suceso histórico en particular. La ladrona de libros tiene su foco en Liesel y su relación con la lectura, lo que la lleva a salvar su vida y hacer que una vez más se escape de la compañía del narrador, no en Hitler ni en Alemania ni en la guerra. Liesel. De hecho, es su punto de vista el que guía la historia y ella, como la niña que era cuando empezó su diario, no se refería a cosas que escapaban de su comprensión. Un cambio en el enfoque reflejado en el título podría dar a entender que estamos frente a otro tipo de texto.

Eso es lo importante una vez que se define el significado: dónde se lo ubica. La atención del lector va a ir donde la dirijamos.

Significado del título

Probablemente sea lo más importante. No porque el título deba significar algo, sino porque el autor, antes que nada, debe definir su postura frente al significado y decidir si quiere que su título sea vehículo de la acción o si debe desorientar al lector al punto de obligarlo a formular sus propias interpretaciones. No todos los autores son partidarios de dejar en mensaje en el título y llegan a sentirlo una obligación, porque la obra debe tener un nombre, pero a la vez lo sienten más una carga que una necesidad, y ahí encontramos títulos que parecen no significar nada, que el autor eligió porque su carácter de ambiguo hacía que el lector le diera el significado que él mismo no quiso revelar. Una vez definida nuestra postura con respecto al significado, podemos elegir dónde situarlo.

Longitud y sonoridad

Títulos largos, títulos cortos, títulos que riman. Leer una frase nos lleva a escucharla en la mente, y repetirla en voz alta nos hace ver la importancia del sonido. Algo auditivamente agradable provoca repetirlo. Un título que se menciona más de una vez por diferentes lectores llama a la difusión. La belleza del sonido atrae y, al ser el título el primer contacto del lector con la obra, es un punto ganado.

Tanto los títulos largos como los cortos tienen sus ventajas y desventajas que dependen más del individuo que de reglas generales. Un consejo muy visto es que los títulos cortos tienden a recordarse mejor, pero esto varía de persona a persona y hay quienes recuerdan mejor un título largo que, por sonoridad, es fácil de retener.

Sagas y colecciones

Hay cierta gracia para el lector cuando distintos libros de una misma saga comparten una estructura en el título. La trilogía Hija de humo y hueso sigue la estructura sustantivo + preposición (de) + sustantivo + conjunción (y) + sustantivo: Hija de humo y hueso, Días de sangre y resplandor, Sueños de dioses y monstruos. La estructura es una guía que puede surgir de manera accidental, pero después se convierte en una aliada si la dejamos ser una referencia a la hora de titular una colección, y puede llevarnos incluso a encontrar con más facilidad el título del próximo libro.

El título importa. Encontrar el más adecuado depende de qué quiera transmitir el escritor. Y si encuentra un título que sea fiel a la historia y a su significado, puede dar la  batalla por ganada.

 

Escrito por Mia Stanton

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